sábado, 27 de diciembre de 2014

Matasellos de Navidad en Pola de Siero

Este lunes, 29 de diciembre, tendrá lugar el último matasellos asturiano de este año, el de Navidad de Pola de Siero. De 17 a 21 horas, en el Palacio del Marqués de Santa Cruz, sede de la Colección "Faustino Ornia".
La imagen de nuestra tarjeta, es uno de los belenes que se pueden contemplar en la exposición del Centro Asturiano, de la colección de Javier Villanueva Cañas.

Belén de Javier Villanueva Cañas

Los sellos navideños de este año, emitidos por Correos, tienen características especiales. En el sello de la tarifa A, ilustrado con una vidriera con un Nacimiento, se ha empleado una técnica de estampado en frío para transferirle un acabado metálico brillante, que acentúa su colorido y da mayor profundidad a la imagen de la vidriera:

Sello Navidad, tarifa A 2014

De tarifa B, han emitido un minipliego de seis sellos, que unidos forman un árbol de Navidad. Se ha utilizado una tinta térmica que al calentarse (con los dedos, por ejemplo) da la sensación de iluminar las estrellas, invisibles a temperatura ambiente.

Sello Navidad, tarifa B 2014

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad, Celso Peyroux

Peyroux, Haiti

Blancas, amarillas, cobrizas, malayas, hindúes o del color del ébano como las que fueron mis alumnas en Haití. Morenas, rubias, pelirrojas, ojos azules o del color de la miel.
Ellas son nuestras abuelas, madres, esposas, hijas, nietas, hermanas, novias, amigas, compañeras, amantes. Templanza. Fortaleza. Intuición. Luchadora. Alegría. Donaire. Pachamama. La verdad de la vida. No permitas el llanto de nuestras amapolas. Cuídalas, protégelas, mímalas como el Principito cuidaba a su rosa en las ardientes arenas del desierto. Una palabra de amor antes que una mirada hostil; un abrazo antes que  un empellón brutal. ELLAS.
Nuestras mujeres. Por y para siempre.
Y a su lado la esperanza de un mundo más justo y mejor con los ojos hacia atrás en busca de los otros.
FELIZ NAVIDAD Y QUE EL DIOS DE LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD TE SEA PROPICIO PARA EL NUEVO AÑO 2015
Celso Peyroux

martes, 16 de diciembre de 2014

Los poetas y la mina, Albino Suárez



Para los poetas de la mina y para los mineros poetas, hubo mejores tiempos. Hubo, a nuestro ver, escenarios mayores, donde proliferaron más que ahora las vetas minerales de hulla y, por ende, los hombres que se inspiraron en el escenario de la otrora sacrificada profesión extractiva del carbón, muchos de los cuales, desahogaban sus infortunios componiendo coplas, que después cantaban entre el polvo resecado que se iba produciendo a medida que se efectuaban los trabajos de arranque. Quienes componían letras, como Pepín Casorra, con el que hemos trabajado allá por 1952 en el Pozo, Villar, no dejaban de ser poetas a su manera. Poetas irónicos y rebeldes que, a falta de mejores medios para luchar contra la injusticia del escaso jornal que se percibía ante el mucho trabajo efectuado, cabía el desahogo de lanzar al viento las cuartetas que se improvisaban al tiempos que se redoblaba el esfuerzo contra el testero carbonero.

Hubo otros poetas, sin embargo, que se inspiraron en la mina. Mineros, propiamente dicho, unos; otros, la conocieron, igual que cuando un rey o un ministro es bajado a la mina, con toda clase de cuidados y atenciones, para que vean la negrura del interior de la tierra: pues igual supieron de la mina de pasada. Y quien habla de poetas, habla de escritores, novelistas, periodistas. No es menester decir que, para inspirarse en el mundo minero, Carlos María Idígoras, trabajó algún tiempo -más bien escaso que largo—como un minero más. De ahí salieron "Los hombres crecen bajo tierra", que tuvo repercusión en su día, pero que tampoco llegó a ser la obra que, como "Germinal" en Francia, necesitaban los mineros de España, o, por mejor decir, de Asturias. Tampoco cuajó otra novela, a la que por ser quien era el autor, le dieron abundante difusión, pero sin llegar a más. Se trata de "Séptima galería". Hubo muchas otras incursiones en el mundo minero de Asturias, por cierto, pero el verdadero drama, la tragedia y las circunstancias que envuelven -y, más que ahora, envolvieron - al hombre minero, tanto en su vida socialmente humana, como la familiar, esa está sin escribir todavía. Inclusive debe decirse, que la tan estudiada obra de Palacio Valdés, "La aldea perdida", tiene muy poco de trama minera. Muy poco, por no decir nada.
Al margen de esta referencia, que puede extenderse a otros libros que se acercan al mundo de la mina, como “El Valle negro”, de Alfonso Camín, como "Mineros de España", de Sandalio Suárez, como el “Diccionario Minero” de César Rubín o la obra en verso para teatro de José León  Delestal, “Oro negro”, se podrían referir otros muchos, lo cual haría extensiva esta mera cita. Y puesto que nuestro epígrafe va sobre los poetas y la mina o la mina y los poetas, que aunque no sea lo mismo, viene a ser lo mismo, caminaremos en lo sucesivo por la trocha del verso minero, que nos queda más a mano.

LOS POETAS Y LA MINA

En 1995 publicamos nosotros un libro que llevó por título el encabezamiento de estas páginas. Al respecto, decimos que ni eran todos los que estaban ni lo son ahora. Fueron y son poetas que hicieron su incursión en el mundo minero de un modo más o menos experimental, igual que hacen experimentos poéticos en prosa y que no deja de ser eso, experimentos, a ver qué sale. Y es que, a nuestro ver, nunca se adulteró tanto el verso como ahora, ni se usó un lenguaje más inexacto que el que nos quiere hacer comulgar con teorías -palabrerías— lo que deben ser hechos concretos. Concreto fue Alfonso Camín cuando escribió "Mineros":

Mineros, hombres enteros,
el corazón en la mano
como los vasos sidreros.
Yo se que un día cualquiera
me estallará el corazón como una bomba minera.

Suspender las referencias sobre uno de los más grandes poetas españoles del siglo XX, crecido en América, cuya sonoridad es inimitable, no deja de ser un sacrilegio por nuestra parte, pero hemos de cometer ese pecado para seguir adelante hablando de los poetas de la mina. De otros poetas, que también cantaron la mina y lo minero.

"Mineros. Con vuestra hazaña engrandecéis nuestra España.
Seguid fíeles la doctrina
que requiere vuestro esfuerzo,
pues sabe que en su refuerzo
todo sale de la mina."

De Mánfer de la Llera que fue Manuel de Andrés Fernández, es el apunte versificado superior. Fue minero en su juventud, más tarde representante de maquinaria industrial sueca, y desempeñando esta función, le brindan el cargo de vigilante en la mina de Solvay de Lieres, donde más tarde se jubiló, tras lo cual se volcó sobremanera en el bable, perdiendo a nuestro ver, su mayor resonancia poética al abandonar el mundo de la mina, del que había nacido y alimentado. Laudelino León fue minero en su juventud -como otros que sabemos-,no obstante que por su amor a los estudios logró dejar atrás, no sin grandes sacrificios, el tajo minero y auparse a cargos de responsabilidad político - laboral, pues que acabó de Delegado de Trabajo en Granada, tras haber pasado por otras regiones. La poesía de Laudelino León, se acerca más al madrigal que al drama, no obstante que no deja de ser minera volcada al romance.

Dice el aire platiquero
que si la una se muere
de amores por un minero.
Y así lo va susurrando
el robledal y el romero.

No fue minero el allerano Jesús Castañón, autor entre otros, de un breve libro que fue frecuentemente glosado: "Romances del grisú", que, naturalmente, trata de la mina y los mineros. Jesús Castañón fue profesor, ejerciendo su magisterio fuera de Asturias. Y de él hemos dejado este apunte nuestro:

Jesús Castañón, poeta,
hombre de lira sentida,
versos de grisú la vida
—la vida siempre incompleta,
pero siempre perseguida—,
también supo de la veta
del carbonero homicida, que al son
de la vagoneta,
jamás del tajo se olvida.


Matasellos turístico de Oviedo

A partir del martes 23 de diciembre, en la Oficina Principal de Correos de Oviedo, será posible matasellar con un fechador ilustrado con la Cruz de los Ángeles.

Cruz de los Ángeles
Cruz de los Ángeles de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo

Este matasellos turístico viene a sumarse a los muchos que ya se pueden utilizar a los largo de las OP españolas, empezando por los del Camino de Santiago, estrenados en mayo, siguiendo con los once de las Islas Canarias en julio y las 26 de este otoño.

Ejemplo de matasellos de la OP de Oviedo

La Cruz de los Ángeles es un reliquiario donado por el rey Alfonso II el Casto en el año 808. Está depositada en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo. Es el símbolo milenario de la iglesia ovetense y la enseña de la ciudad. 
La leyenda de su origen narra como dos ángeles, presentando ante el rey como orfebres, obtuvieron oro y piedras preciosas para confeccionar la joya, tan brillante que "irradiaba como un sol". Hoy se considera obra de orfebres lombardos, del norte de Italia y realizada entre los siglos VII y IX, posiblemente enviados al reino de Asturias por el emperador Carlomagno. 
Es una cruz griega (sus cuatro brazos miden casi lo mismo) con disco central, formada por un núcleo de madera de cerezo silvestre revestido de una lámina de oro. En el anverso, la lámina se cubre con una tupida decoración de filigrana y 48 piedras engastadas en carbujones, entre ellas varias gemas romanas, granates y ágatas. Los cuatro camafeos romanos representan a una campesina romana, a la diosa Atenea, una cabeza de cabra con cuerpo de serpiente y a Eneas abandonando Troya. El reverso se adorna con un disco central  con un camafeo y cuatro piedras  en los extremos de los brazos rodeadas de un doble anillo de perlas ensartadas en hilo de oro. 
Los bordes de los brazos están recorridos por la inscripción dedicatoria que termina en el inferior con el lema de los reyes asturianos: "HOC SIGNO TVETVR PIVS/ HOC SIGNO VINCITVR INIMICVS" (Con este signo es protegido el piadoso/ Con este signo es vencido el enemigo). En cada brazo se excava una cajita con tapa corredera, destinada a albergar las reliquias. 
Más información sobre la Cruz en wikipedia y en el Diccionario Enciclopédico del Principado de Asturias, tomo 5 de Ediciones Nobel.
El 30 de abril del 2008, cuando la Cruz cumplía doce siglos, durante la EXFILNA celebrada en el Auditorio "Príncipe Felipe" de Oviedo, la FASFIL le dedicó uno de sus matasellos, del que nuestros socios tienen tarjeta:

Matasellos de la Cruz de los Ángeles, Oviedo 2008

El 27 de noviembre del año 1961, fue emitida una serie de sellos conmemorativos del XII Centenario de la Fundación de Oviedo, con seis sellos alusivos a nuestra ciudad, entre ellos el de la Cruz de los Ángeles de 2 pesetas de valor facial. 

Sobre Primer Día de Circulación de los sellos del XII Centenario de la Fundación de Oviedo

Teverga, minas y recuerdos veinte años después, Celso Peyroux

El cierre de HULLASA condeno al éxodo a toda una comarca

Hace veinte años se cerraban las minas de HULLASA después de más de un siglo -con diferentes nombres de empresarios: belgas, vascos, catalanes, municipales…- desde que se perforara la primera bocamina en el valle de Santibáñez.
Más de setecientos obreros; diferentes capas y pisos en explotación; un pozo vertical que resultó pequeño; locomotoras arriba y abajo camino de Trubia para llevar el carbón; más locomotoras para el arrastre local de Las Garbas y La Cruz; transporte por carretera una vez desmantelado el tren -sin dejar un mínimo vestigio de lo que fue la dura vida en las vías-; miles de toneladas de mineral hacia los hornos altos de un sitio y de otro; el motor económico de los valles del Trubia y sobre todo el dolor y el duelo por las decenas de mineros que murieron durante todos estos años cuya memoria quedará siempre entre nosotros.
En junio de mil novecientos sesenta y ocho fue mi primer contacto con el interior de una mina de carbón. Con las de hierro, en lo lagos de Somiedo, lo había sido siete años atrás cuando con varios compañeros de Teverga pasé por una de las experiencias más ricas de mi vida; la de ser minero a los diecisésis años durante cinco meses en un infierno bajo cero sacando el rojo mineral de una montaña como si fueran las vísceras de un buey abierto en canal.
HULLASA, la empresa carbonera de Teverga, con unos quinientos trabajadores, por aquel entonces, ya lo estaba pasando muy mal por las muchas razones que todos sabemos, entre otras: la negativa de ser integrada en HUNOSA y la incertidumbre en conocer quién era en realidad el dueño, aunque sí se sabía que la Administración central corría con la correspondiente subvención anual para paliar la falta de rentabilidad de la empresa. La suerte parecía echada y de nada sirvieron las masivas manifestaciones, protestas, encierros  y días de lucha con “eslóganes” como el de: “Teverga no quiere morir”, porque, en efecto, el cierre de las minas condenaba al éxodo a cientos de familias en busca de otros horizontes como así ocurrió.
Un  mal día para el concejo llegó un empresario leonés -de cuyo nombre no quiero acordarme, Victorino Alonso- con varias ideas y proyectos -incluido un pozo fantasma inclinado que se quedó a medias- hasta que -con la tapadera de las ridículas explotaciones de Cuña- las minas se acabaron cerrando tiempo después. Si aquel empresario -de dudosa interpretación- se había aprovechado de la coyuntura del momento, del dinero, a fondo perdido, aportado por la Administración y de las oscuras circunstancias de la capa “quinta”, el Gobierno de la época dejó bastante que desear dando aliento y los “cuartos” de los españoles a una entidad de pacotilla montada para llevarse las subvenciones y preparar el cierre definitivo. Era lo que se llamaba el “pelotazo” contundente: Llegué, vi, vencí y me fui.
Lo cierto es que a finales de aquella primavera del “sesenta y ocho” -tan renombrada por el mayo francés: “La imaginación al poder” y otros acontecimientos- me dispuse a tomar conciencia del conflicto de HULLASA y la mejor manera era desde dentro de la mina.
Por la bocamina de La Cruz de Santianes, principal ubicación de los yacimientos, me adentré por el transversal de la “Primera” hasta llegar a la planta “Cero” del pozo San Jerónimo. Iba en compañía de varios artilleros: Paco, el de Siso, Ramón Zaragoza y José, el de María Fausta, entre otros que procederían a dar las “pegas” por diferentes puntos de las tres plantas y del “Grupo de Campiello”.
Llegados a la caña del pozo, regresé sobre mis pasos, en esta ocasión solo, y a la salida hice mil y una preguntas sobre el momento difícil por el que estaba pasando la empresa. De allí salió mi primer reportaje minero -a toda plana- para LA NUEVA ESPAÑA: “Hullasa se vende por una peseta”. Un trabajo que se hizo en colaboración con el buen redactor Evaristo Arce donde reflejaba que: “Un joven universitario en busca de la verdad y del tiempo perdido”, deseaba saber todo cuanto ocurría en las explotaciones. También escribía sobre la solidaridad de don Gabino Díaz Merchán con los mineros y la experiencia del arzobispo de Oviedo bajando por primera vez a un pozo minero.  
La segunda entrada, la más provechosa, la hice dos años después. En aquella ocasión hacía de guía el “vigilante primera” Antonio González y nos acompañaba su sobrino Javier Terente. Lámpara de frontal y muchos ánimos, hicimos la subida por un sendero hasta el piso de Santa Marta, justo debajo de la capilla, donde Toni Calzón peleaba con un frente de escasa potencia porque la capa ya estaba tocando el césped de los pastizales. Y allá que nos sumimos en las entrañas de la tierra con Antonio que nos iba señalando todo cuanto nos salía al paso por las diferentes “ramplas” de mamposta en manposta. Me fui encontrando con gente conocida en sus diferentes puestos; entre otros a Pepe Mauleón que “posteaba” una “llave”; granadino profundo, con quien me unía una entrañable amistad y a quien recuerdo de manera frecuente. Era toda una delicia verle manejar el hacha y colocar la madera para sujetar un techo.
Del “Paquete de Campiello” al pozo San Jerónimo para seguir bajando de madera en madera bajo las enseñanzas atentas de Antonio que conocía todos los secretos de la mina: aquí un “repuelgo”; allí la manguera que alimentaba el martillo; en el techo un “costero” peligroso; más abajo las chapas de hierro para que el carbón se deslizara; en un rincón me mostraba donde anidaba el veneno asesino del gas metano con la ayuda de un grisómetro; la “sobreguía” y en fin la “guía” por donde caminaba la capa y los “caballistas” arrastrando los vagones con sus mulas. Vayan estas líneas como homenaje póstumo veinte años después de su muerte.
En la “Novena-sur”, un encuentro inesperado con el amigo y recordado Ramón Argüelles -el primer alcalde minero del concejo- que, pidiéndole el martillo a un picador, me permitió “regar” el carbón durante varios minutos. Era el “vigilante” de aquella capa y su presencia y conocimiento de la mina estaba por todas partes. Hombre laborioso, prudente y cabal a quien Teverga recuerda en un bello busto de bronce erigido al lado de la Colegiata.
De todo cuanto fue la minería con sus múltiples capas a flor de tierra por un valle y por otro, con más de un centenar de hombres, ya no queda nada: Bienvenida, Ventana, La Bonita, El Pisón, Las Furmigas, la Verde, La Fabariega…  solo permanece el recuerdo.  
Veinte años desde entonces y acudimos con gusto a ver como Teverga  -al igual que el ave Fénix- resucita de sus cenizas con la ayuda de todas y de todos. Teverga es, en estos momentos, una comunidad vecinal solidaria y emprendedora capaz de conseguir las metas más difíciles. Varias asociaciones trabajan codo con codo para entre todos hacer un mundo mejor, más justo y, sobre todo, pasar los nobles principios a las generaciones venideras.
El carbón -tan unido a nosotros como nuestra propia sombra- fue reemplazado por proyectos, destinos turísticos y culturales, entre otras muchas iniciativas, aunque perdurará por muchos años la nostalgia de aquello que fuimos y la epopeya industrial, humana y social más profunda del siglo pasado de nuestros valles.
           Celso Peyroux

lunes, 15 de diciembre de 2014

Miniaturas en Parque Principado

Durante este mes de diciembre, la exposición del Grupo ACOCOR en el Parque Principado, corre a cargo de Antonia Álvarez Menéndez (Menchu). Expone miniaturas variadas.

Miniaturas en Parque Principado, de Antonia Álvarez Menéndez

Miniaturas en Parque Principado, de Antonia Álvarez Menéndez

Miniaturas en Parque Principado, de Antonia Álvarez Menéndez

domingo, 14 de diciembre de 2014

Minero de Estrellas, José María Morón

Luce la esbelta mañana
corona de chimeneas...
blanca y azul por el aire,
por el aire, azul y negra.

Y, aún, de la luna de espuma
fluyen, dormidas las sendas.

Tres veces murió de frío
el grito de la sirena,
y en la estación de los sueños
el tren de la mina espera.

¡Trabajadores tempranos,
decidle al que no lo crea,
que me habéis visto en el alba
minero de las estrellas!

José María Morón

José María Morón, (Huelva 1897-1996), obtuvo el primer accésit en el Premio Nacional de Literatura de 1933 con su libro Minero de estrellas, del que reproducimos dos poemas en las Actas del Tercer Encuentro de Escritores de la Mina. Poeta olvidado durante mucho tiempo -en 1936 se le había dado por muerto y sobrevivió al franquismo en total ostracismo- , de su libro Minero de estrellas, que supone uno de los ejemplos más sobresalientes de la poesía social de los años treinta, ha escrito Jorge Urrutia que "significó la conciliación de las estéticas neogongorinas y para paraproletarias" en un ejemplo perfecto de poesía socialmente comprometida.
Actas del Tercer Encuentro de Escritores de la Mina

XIII EXFICOCAO

Esta semana comienza la XIII EXFICOCAO, Exposición filatélica y de Coleccionismo del Centro Asturiano, con un matasellos el jueves 18 de diciembre, celebrando los 25 años de la visita del Papa Juan Pablo II a Asturias.

Cartel de la XIII Exficocao, Centro Asturiano, exposición

La inauguración de la exposición tendrá lugar ese mismo día a las 20 horas. El matasellos será de 16 a 20 horas.

Invitación a la XIII Exficocao

Juan Pablo II visitó Oviedo en agosto de 1989, después de presidir la IV Jornada Mundial de la Juventud en el Monte do Gozo de Santiago de Compostela. En Asturias, visitó también Covadonga, Cangas de Onís y los Lagos, con el, entonces, Príncipe Felipe.
Correos emitió un sello, con motivo de la visita a España, el 19 de agosto de 1989:

Sobre Primer Día de Circulación sello Papa y Juventud 1989
Sobre Primer Día de Circulación del Sello El Papa y la Juventud de 1989 

Juan Pablo II visitó España en cinco ocasiones. Correos le dedicó un sello a su primera visita, en octubre de 1982. En esa ocasión, el Papa visitó Avila, Alba de Tormes, Madrid, Guadalupe, Toledo, Segovia, Sevilla, Loyola, Zaragoza, Barcelona, Valencia y Santiago de Compostela: 

Sobre Primer Día de Circulación sello Viaje a España de Juan Pablo II
Sobre Primer Día de Circulación sello Viaje a España de Juan Pablo II

El 25 de septiembre de este año 2014, con un nuevo sello, de la serie Personajes, se recuerdan los 27 años de su Pontificado (del 26 de octubre de 1978 al 2 de abril de 2005), su beatificación en 2011 y su canonización en abril:

Sobre Primer Día de Circulación sello personajes: Juan Pablo II
Sobre Primer Día de Circulación sello serie Personajes: Juan Pablo II

Expositores en el Centro Asturiano:
  • Ángel Iglesias Vidal: In ello tempore - El Evangelio según San Lucas
  • José Juan Iglesias Pintado: Láminas Filatélicas
  • Mario García Antuña: Pontificado del Papa Juan Pablo II
  • Grupo Filatélico Centro Asturiano: Tarjetas 
  • Leocadia González Díaz: Álbumes de cromos
  • José Manuel López Alonso: Autorrescatadores
  • Javier Villanueva Cañas: Belenes
  • Lys Martínez Bravo: Campanitas
  • Cándido Villanueva Gil: Cosines de hotel
  • Ángel García Díaz: Locomotoras de cupones de la ONCE
  • Ángel García Díaz: Monumentos mineros, fotografía
  • Fernando Bles Pérez: Juguetes accionados con cuerda
  • Jorge García Álvarez: Minerales
  • José Mediavilla Rico: Pesas de cartas

jueves, 11 de diciembre de 2014

Conferencia Centenario del Sotón

Fotos de la conferencia de Pedro Fandos en el Aula Cultural La Plaza de Sotrondio. Moderador: Marino Iglesias, presentador: Antón Saavedra.

Fandos, Marino Iglesias y Antón Saavedra en la Conferencia del Centenario del Pozo Sotón

Público en la Conferencia del Centenario del Pozo Sotón

Fandos y Marino Iglesias en la Conferencia del Centenario del Pozo Sotón

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Tragedia de la Mina Mariquita, Celso Peyroux

(Recuerdos de un periodista rural)
De la mina salgo, amigo,
de la mina, compañero,...
Rafael Alberti

De igual manera que la bocamina es el pórtico hacia la oscuridad inmensa y el adiós a la luz del día, acuden a estos renglones secuencias que me traen el ser, sentir y vivir de quienes  trabajaron  en  la  “gleba parda”  allá  en los valles donde me nacieron. Tierras -odorantes a menta y castaño, a fresas silvestres y a manzanas- donde un día el hombre, de esto hace mucho tiempo, oradó las entrañas de prados y bancales en busca del gran árbol. Sepultados vivos los helechos gigantes -cuando la luz del mundo apenas si era una amanecida- iban a convertirse en un preciado mineral que cambiaría la vida y costumbres de hombres y mujeres constituyendo, la dura labor, un elemento nuevo para la supervivencia. En sus capas tumbadas de montaña y del pozo La Aragona, vivieron, lucharon y murieron teverganos, andaluces, portugueses y gentes de Quirós cuyos padres nos habían enseñado el laboreo de las minas, el funcionamiento de las locomotoras y las maniobras ferroviarias a principios del siglo pasado.
Durante todos aquellos años he visto rudos modales en el comportamiento y, a veces, el alcohol hacer tambalear hombres como robles, para amortiguar y hacer más llevadera la dura labor cotidiana. Pero también supe de su nobleza a flor de piel, de su tristeza y del dolor popular cuando a muerto doblaban las campanas por uno de los nuestros. He visto lucir el crespón negro en la solapa y en el antebrazo, viudas enlutadas y huérfanos de la mina. He contemplado cientos de rosas y claveles crecer sobre las losas blancas del camposanto y rostros endurecidos llorando como niños. Supe, en fin, del dolor humano en su quintaesencia.
La crónica más dura escrita por mi pluma fue la tragedia de la mina Mariquita de Quirós, cuando seis vidas encontraron la muerte. La noticia, a eso de las tres de la tarde, pasó por encima de Sobia y cayó en los valles teverganos con toda su crueldad y duelo. Siempre impresionado por la muerte en la mina, no me faltó tiempo para estar en Santa Marina –lugar del accidente- media hora  después. El dolor, la tristeza y la convulsión ya se habían apoderado de los familiares, compañeros y de decenas de personas que se aproximaron a los alrededores de la bocamina.
Contrito por la tragedia, regresé a Bárzana y desde la central de teléfonos llamé de urgencia a la redacción de LA NUEVA ESPAÑA, comunicando que yo –aprendiz del periodismo rural- sería capaz de cubrir la noticia. Después de cinco años de “corresponsal” en los Valles del Trubia, era mi bautizo en un desastre minero de aquellas dimensiones.
Cámara en ristre y bloc entre unas manos nerviosas, fui tomando de manera minuciosa todo cuanto acontecía ante mis ojos: prisas, agitación, angustia por si aún se recuperaba a alguien vivo, relevos de hombres que llegaban extenuados, los ojos de todos puestos en aquel cable del plano inclinado, rostros convulsos y negros de carbón incluso la blasfemia –oración del minero-,... Ví, también por vez primera, la esencia del dolor en toda su dureza.
La bocamina acordonada, era una masa de gente ávida de tener noticias de los de adentro. Con la caída de la noche, el lugar era cada vez más tétrico a pesar de la luz que proyectaban los grandes focos.
Llegaron las primeras autoridades de la provincia y del interior también la dolorosa nueva de la muerte de los mineros que quedaban. Las ironías del destino hicieron que los seis fueran alcanzados cuando acababan la jornada. La casualidad también hacía que dos de ellos bajaran aquel día al tajo por primera vez.
Fueron saliendo, en triste procesión, los primeros cadáveres envueltos en mantas. Recuerdo que al ser ingresados en el botiquín de la plazuela, uno de los compañeros dio un grito al reconocer a uno de los infortunados por los calcetines y las botas que asomaban por debajo de la improvisada mortaja.
Hacia la una de la mañana emprendí, a toda velocidad, el viaje hacia Oviedo donde todo el mundo me estaba esperando en  “redacción”. El personal de los talleres permanecía parado esperando la crónica llegada de Quirós para poner la rotativa en marcha en aquella madrugada de domingo. Puesto a la “Olivetti” –mientras Vélez revelaba las fotos, por cierto regulares- fueron saliendo los párrafos entrecortados y hubo de ser Faustino F. Álvarez quien me diera una mano en las líneas finales.
Confieso que aquella noche se adueñaron de mí los sentimientos más profundos y aun sigo conservando en la retina, desde entonces, cada secuencia de una  tragedia ocurrida en tiempos de seronda, de mil novecientos setenta y tres, época en la que también se caen las hojas de los árboles.
*El autor es miembro del Real Instituto de Estudios Asturianos y cronista oficial de Teverga.
Celso Peyroux, 5º Encuentro de Escritores de la Mina

Presentación libro: Aprendiendo de las Cuencas

Esta semana Nacho Ruíz Allen y Sara López Arraiza, presentarán el libro Aprendiendo de las Cuencas:
  • Miércoles 10 de Diciembre: Club de Prensa de La Nueva España de Oviedo, a las 19 horas
  • Jueves 11 de Diciembre: Museo de la Siderúrgia de Langreo a las 19 horas
  • Viernes 12 de Diciembre: Casa de Cultura de Mieres a las 19,30 horas 

Libro: Aprendiendo de las Cuencas

En una entrada anterior, os comentamos las exposiciones realizadas en Oviedo y Gijón, de donde suponemos surgió la idea del libro.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Luz, de Santiago García Sanz

La luz me ciega y apenas puedo mantener los ojos abiertos. Alguien me dice que debería quedarme unos minutos más en la entrada de la mina para ir habituándome. Es justo lo que necesito. Sentarme y descansar, ordenar mis ideas, quizá llorar un poco.
Les pido a todos que me dejen solo. Los sanitarios protestan y dicen que deben examinarme cuanto antes pero al ver la expresión de mis ojos ceden y se van.
Otra vez solo, sin un ruido a mi alrededor, como durante todos estos días. Pero ahora es diferente, ya no noto esa sensación cálida y confortable que antes me arropaba. Apenas unos minutos en la superficie y de nuevo la tristeza, la congoja, la melancolía… mis malditas compañeras de viaje. Se fue esa serenidad del que sabe que lo único que debe hacer ya es echarse a dormir y sonreír por el trabajo bien hecho. Esta soledad es diferente. No me arrulla ni susurra que no hay nada que temer, que se acabó el sufrimiento.
Por fin, brota el llanto: rabioso, resignado. Me muerdo el puño y trato de ahogar los sollozos para que no se oigan desde fuera. Ahora sí me encuentro desamparado. Ahora sí tiemblo ante un destino incierto.
Cierro los ojos y recuerdo el momento del derrumbe, el desconcierto de los primeros minutos; y la angustia de después, cuando empezamos a darnos cuenta de que no íbamos a salir vivos de allí. No somos héroes, todos nos vinimos abajo: gemimos, golpeamos las paredes, escarbamos con las manos, suplicamos a Dios, le maldijimos a gritos... Yo lloraba en silencio, sentado en un rincón, apartado del grupo. Al fin y al cabo, nunca había llegado a sentirme muy integrado. Los demás eran todos fijos pero yo estaba contratado solo por un par de meses, el tiempo justo de entibar aquella maldita galería. Recostado sobre una viga, pensaba en mi mujer y en mi niño, en qué iba a ser de ellos. Desde que llegamos de Bolivia, habíamos ido consiguiendo a duras penas el dinero justo para comer, vestirnos y pagar -siempre con retraso- el alquiler de nuestro cuartucho. No lograrían salir adelante.
Al verme separado del grupo, Bruno, un chico amable y risueño, el único con el que había cruzado más de tres frases, vino a ver cómo me encontraba. Compartimos un cigarrillo y conversamos un rato sobre los temas más banales: quién iba a ganar el torneo Clausura, si el carbón chileno podría competir con el chino, cuál de las secretarias del jefe te dejaría más exhausto en la cama... A la vez, nos vino a la mente Daniela, la gorda de las tetas enormes y, de improviso, los dos estallamos en una carcajada. Después, Bruno dio otra calada al cigarrillo. Al menos -dijo- nos vamos sabiendo que nuestras familias podrán salir adelante sin nosotros. Yo le miré perplejo. Me contó que la empresa tenía un seguro por accidente para todos los trabajadores, incluidos los eventuales, y que las cifras por fallecimiento eran astronómicas. Al oírle, sentí que se me paraba el corazón. ¡María y el niño iban a sobrevivir! No sólo eso, iban a vivir mejor que nunca. Apenas podía creerlo. Siempre me había sentido culpable por arrastrarles tras de mí de ciudad en ciudad, malviviendo con cuatro cuartos. Pero ahora, de repente y de la forma más insospechada, una luz brillaba ante nosotros. O al menos ante mí. O al menos para ellos. Tuve que apartar la cara para que Bruno no viera mi sonrisa. Tener que llegar a un agujero como este -pensé- para ver por fin luz al fondo del túnel.
Durante el resto del encierro, los compañeros se admiraban de la entereza con que afrontaba yo nuestra situación, a pesar de estar siempre solo. Ya ni Bruno venía a verme salvo de vez en cuando, para traerme mi ración de agua o ver si seguía vivo. Yo sonreía y disfrutaba de aquella serenidad. Había cumplido mi papel. Había cerrado mi ciclo. Por fin podría descansar tranquilo sabiendo que los míos no volverían a pasar hambre ni yo vergüenza. Por fin sentía que tanto sufrimiento iba a haber servido para algo.
Ahora me encojo en este banco, hundo la cabeza entre mis manos y pienso en los ojos de mi niño ahí fuera, buscándome entre la multitud, brillando por el ansia de volver a verme. Y los míos se llenan de lágrimas. Qué cerca he estado de acabar con su miseria. Con qué sonrisa habría entrado yo donde carajo sea que entra uno cuando al fin revienta, si supiese que Sebastián tiene ya el balón de cuero que pide siempre a Papá Noel o los hierros para los dientes que nunca pudimos ponerle.
Cierro los ojos y pienso en el túnel que acabo de dejar atrás, en su confortable silencio. En cómo, sin quererlo, me veo obligado a entrar en uno mucho más pavoroso e inhóspito. Pienso en la luz que me brindó la oscuridad. En si soportaré la oscuridad que me trae ahora la luz. Me enjugo las lágrimas. Aliviado por tener una buena excusa para ello, me pongo las gafas de sol y respiro hondo. Luego me incorporo y salgo al exterior.
Santiago García Sanz, hijo de Celso Peyroux,
en el 5º Encuentro de Escritores de la Mina

sábado, 6 de diciembre de 2014

Conferencia sobre el Centenario del Pozo Sotón

El próximo miércoles, 10 de diciembre, a las 19 horas, tendrá lugar una conferencia de Pedro Fandos Rodríguez en el Aula Cultural la Plaza de Sotrondio, con motivo del Centenario del Pozo Sotón.

Cartel conferencia Pedro Fandos Centenario Pozo Sotón

Exposición y matasellos en Sotrondio

Mañana, domingo 7 de diciembre, nuestra exposición permanecerá cerrada. Las tarjetas con nuestro matasellos estará a punto de llegar a los socios de nuestra asociación.

Tarjeta matasellos centenario del Pozo Sotón

Matasellos en Sotrondio: Centenario del Pozo Sotón

XVII Exposición de Coleccionismo Minero de Grucomi en Sotrondio

XVII Exposición de Coleccionismo Minero de Grucomi en Sotrondio

miércoles, 3 de diciembre de 2014

martes, 2 de diciembre de 2014

Sendas Mineras, Daniel G-Nuevo Zarracina

Por los caminos del monte
-monte empinado y espeso-
un rosario luminoso
de mortecinos destellos
va sembrando claridades
por los oscuros senderos.

Por los caminos del monte
van trepando los mineros,
bien caladas las boinas,
pañuelos de "pita" al cuello
y colgando de su hombro
un cachito de lucero.

Por las sendas pedregosas
pisan fuertes los mineros;
relucen hachos y picas
con vivísimos destellos
y una colilla apagada
danza en los labios inquietos.

Por los repliegues del monte
se enrosca el duro sendero;
con claridades de ámbar
se va engalanando el cielo;
y en la lámpara minera
se torna rubio el lucero.

Por los caminos del monte
ya no se ven los mineros;
las oscuras galerías
se tragaron los luceros,
y el sol, como aura naranja,
¡ya no luce para ellos!

Por los senderos del monte
rueda otra vez el silencio,
y en los desnudos canchales
se fue deshaciendo el eco
de las canciones bravías
que entonaron los mineros.

Pero entre las tinieblas
inmensas de aquel Averno,
la pica hiende en los tajos
su fina uña de acero
y en la oscura galería
cantan los trenes mineros
con acordes de chirridos
y ritmo de traqueteo.

Daniel González-Nuevo Zarracina